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>>El Sector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC): Evolución y Actores.
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A2: Los actores del sector de las TIC.

 


Pero, ¿quién gestiona, impulsa y, en primera instancia se beneficia de los cambios en el sector de las TIC? La existencia de toda una serie de actores-protagonistas que están conformando el sector a su medida es más que evidente y, sin embargo, no siempre se repara en ellos con la debida atención. En este artículo, detallamos la evolución de los principales protagonistas del Sector, así como las estrategias que están utilizando, para concluir con graves interrogantes que no debieran ser obviados.

Los actores del sector de las TIC.

El sector de las TIC también ha sufrido el impacto de la complejidad y la globalidad: ha pasado de una estructura industrial simple y de ámbito nacional a una estructura industrial compleja expandida globalmente.

Protagonistas del monopolio.

Hasta finales de los años 80, los sectores nacionales de telecomunicaciones se estructuraban en torno a un monopolio -mayoritariamente público- que prestaba los servicios. El poder de compra de estas empresas monopolísticas era una herramienta de regulación muy poderosa para ordenar la política industrial-tecnológica asociada. En el monopolio, también se resumían las funciones de normalización técnica y condiciones del servicio, con lo que operador y regulador venían a coincidir en la práctica.

Los nuevos actores.

Con la liberalización, las relaciones cambiaron radicalmente y el mapa se hizo mucho más complejo. El nuevo esquema de relaciones, aun siendo algo dinámico, se podría resumir de la siguiente forma:

> Fabricantes: Su cometido principal es facilitar el hardware y el software de las comunicaciones y de las posibilidades de integración de los sistemas del resto de agentes. Fueron los primeros impulsores de la ruptura de los monopolios estatales con el fin de abrirse nuevos mercados y, tras una encarnizada competencia, están en un proceso de concentración que apunta a un esquema oligopolístico preocupante, donde han surgido nuevas firmas al calor especialmente, de los equipamientos necesarios en la provisión de Internet. Por otra parte, se están implantando nuevos modelos de negocio, donde las grandes firmas conocidas actúan, cada vez más, como detentadoras de "la marca" y distribuidoras del producto que es fabricado en cada momento, allí donde resulte más barato, deshaciéndose de fábricas enteras y creando unas crisis en este sector de proporciones inimaginables hasta ahora. El caso de Alcatel puede que sea uno de los más paradigmáticos.

> Operadores de redes: De una gestión estatal, monopolizada y funcionarial, los antiguos PTT y similares (España) han devenido en empresas total o parcialmente privatizadas y de la gestión de la telefonía básica en territorios definidos han pasado a "la gestión global" que incluye no sólo la ampliación de sus servicios mediante nuevos sistemas de comunicación (técnicas de compresión, anchos de banda, circuitos virtuales, optoelectrónica, satélites, etc. que permiten la transferencia de datos, el transporte de imágenes, etc.) y la internacionalización, sino incursiones más o menos aventuradas en otros ámbitos de la comunicación (tv, radio, prensa) y las industrias de contenidos. Para ellas, el futuro es multimedia.

Habida cuenta de las infraestructuras y los nichos de mercado heredados, su capacidad de compra y sus ingentes posibilidades financieras, las nuevas operadoras privatizadas constituyen el eje central de las TIC y, en la práctica, tienen la llave de la globalización.

>Proveedores de servicios: Su expansión ha sido espectacular. Los avances tecnológicos en software y su dominio posibilitan la generación de multitud de nuevos servicios. Los relativamente pequeños requerimientos necesarios han permitido la entrada de nuevas empresas en el sector que compiten con las operadoras clásicas en nichos especializados de mercados.

>Proveedores de contenidos: "Un volumen inconmensurable de mensajes se intercambia todos los días en el espacio cibernético. Las redes electrónicas transportan ideas, ofertas, opiniones, datos. Sin embargo, no es necesariamente el conocimiento lo que crece y se desarrolla, sino el mercado mismo de la información" (Trejo, 1996). No es el fondo, que apenas ha variado, sino las formas de comunicación las que están cambiando.

Los grandes proveedores de contenido han irrumpido con fuerza en el sector a través de sus alianzas con empresas proveedoras de redes y servicios, provocando de hecho integraciones de carácter vertical en todos los ámbitos de la comunicación y el ocio (Disney, Time-Warner, Sony, NBC-General Electric, etc.), de forma que se puede hablar con propiedad de auténticas industrias culturales inmersas en una dinámica monopolística progresiva (Sánchez Noriega, 1997).

>Usuarios: Abandonada la condición de abonados se instalaron definitivamente como clientes. Con esta perspectiva, se comportan como agentes de consumo con opciones de compra y, por lo tanto, con capacidad de incidir en la oferta a través de su libertad de elección. Este es el gran argumento del proceso en marcha. Pero, siendo cierto, esconde otra cuestión: este comportamiento no es homogéneo ni confiere a todos los usuarios por igual la misma capacidad de incidir en el mercado. Por eso, se va a mercados segmentados según la capacidad de consumo, repitiendo el esquema de cualquier otro producto mercantil. ¿Es la información y la comunicación un derecho o simplemente una mercancía?

>Autoridades políticas:
En un mercado de múltiples agentes en competencia no puede ser juez y parte. Abandona su identificación con el PTT y pasa a jugar un rol subsidiario. Por el nuevo sector al que se enfrentan, su función es mucho más compleja.

Como vemos, la transformación sectorial conduce a una nueva estructura industrial, en la que lo más significativo es la llegada de nuevos actores y de nuevas relaciones intrasectoriales. Esto constituye una modificación profunda de la cadena de valor, desintegrando la anterior y trasladando los conflictos de mercados e intereses a otros ámbitos de actividad económica y social.

Como es de suponer, aunque todos los actores están interrelacionados, no todos tienen el mismo peso ni la misma capacidad de influencia. Salvo los pequeños usuarios, que casi siempre son el último eslabón y a los que se les suele reservar el papel de figurantes, el resto de los agentes intercambian continuamente los roles de protagonistas o secundarios en función de las coyunturas.

La convergencia de los nuevos protagonistas del sector.

Con la nueva situación, surgen, también, nuevas amistades y nuevos intereses. Una nueva cadena de valores añadidos agranda casi exponencialmente el negocio del sector, al tiempo que el mismo proceso de configuración de la cadena (en función de la entidad de cada uno de sus eslabones) genera un particular proceso de especulación financiera que cotidianamente se escenifica en las principales bolsas del mundo.

La nueva configuración de los mercados (globales), de la naturaleza de los mismos (convergentes) y de las reglas de juegos dentro de él (competitividad e ingreso de agentes portadores de nuevas culturas de negocios), ha provocado, también, una profunda redefinición de la estrategia de los agentes.

Aunque no todos los expertos aceptan la adecuación de los términos "verticales" y "horizontales" (por horizontal se entiende la aproximación entre agentes que actúan en el mismo segmento de la cadena de valor, mientras que por vertical se entiende aquellos acuerdos entre agentes de distintos segmentos de la cadena), ya que habría que analizar servicio por servicio para descubrir su particular cadena de valor, lo cierto es que la liberalización y apertura competitiva de los mercados nacionales está conduciendo --en lo que podría llamarse un efecto perverso no deseado-- a una concentración sin precedentes de agentes a escala mundial. Por ejemplo, la ruptura de los monopolios nacionales ha dado paso a un nuevo escenario global, pero en el que no parece que vayan a tener cabida más de 4 ó 5 operadores globales. Idéntico escenario, y por las mismas razones, se presume para los fabricantes de redes y equipos.

A la hora de definir a los "grandes agentes" globales del sector, es decir a aquellos que en la práctica a través de sus lobbies y poder económico tienen facultad para incidir en las políticas mundiales para el sector -, tenemos que acostumbrarnos a ampliar el elenco. Si hace un par de décadas, AT&T e IBM eran los paradigmas de la sociedad telemática, hoy debemos incorporar a Walt Disney, Time Warner, Bill Gates, CNN o Atari.

Finalmente, las integraciones verticales son un síntoma de algo más inquietante, social y políticamente, hablando. Caminamos hacia la conformación de conglomerados multinacionales con capacidad de controlar toda la cadena de producción, preparación y distribución de la información. Desde definir el producto cultural (los valores implícitos) y noticias (lo que existe como realidad mediática) hasta la distribución (cómo, qué y cuándo llega a cada sector social) o el paradigma de los mercados segmentados por capacidad económica de consumo.

Los Interrogantes.

Esta perspectiva permite aclarar algunas ideas para determinar los intereses industriales y económicos que se están desplegando en el nuevo sector de las TIC. Por un lado la competencia sectorial se redefine induciendo varios niveles competencia por la apropiación de excedentes, lo que suscita, entre otras, las siguientes cuestiones:

>Control de los servicios:
cuando se habla de servicios multimedia (acceso a base de datos audiovisuales, distribución de vídeo digital e interactivo, etc.), ¿cómo se reparte entre los diversos proveedores el precio pagado por el usuario final? ¿Desde dónde se controla el negocio, desde la distribución de redes o desde la producción de contenidos? ¿Qué ocurre cuando toda la información social y económicamente útil puede transitar por las mismas redes?

>Accesibilidad: es evidente que se produce una tensión competitiva dentro de cada uno de los segmentos de la cadena de valor. Por ejemplo, a la hora de distribuir un determinado producto audiovisual, puede hacerse a través de una red de TV por cable, de la red clásica de telecomunicaciones, de satélites, de las estaciones de TV tradicionales, a través de Internet, etc. En cada caso, varían las posibilidades de acceso para los diferentes segmentos ciudadanos.

>Estrategias nacionales: la competencia se da a nivel mundial (la globalización del sector). Como ya se adelantó, la lógica de competencia centrada en los segmentos rentables del mercado internacional lleva a definir servicios y operadores globales en el suministro de equipamientos. Al mismo tiempo, estos operadores compran en el mercado mundial la mejor tecnología disponible y al mejor precio. En consecuencia, se están rediseñando las economías de escala haciendo que sean prácticamente inviable las estrategias nacionales para ningún agente clave. De ahí, la intensa competencia establecida entre los grandes bloques: EE.UU, Japón, UE, Asia, etc.

>Opciones: la competencia se da entre agentes industriales provenientes de distintas experiencias y sectores. La industria electrónica de consumo masivo y la informática compiten, por ejemplo, en el campo de los terminales desde el momento en que un televisor o un PC pueden convertirse, indistintamente, en un terminal multimedia apto para las nuevas prestaciones. Las industrias culturales, las del ocio (¿pasivo?), los videojuegos (en esencia, software) y las aplicaciones sociales (teleeducación...) compiten dentro del terreno de los contenidos que aportan el valor añadido indispensable para hacer atractivas y rentables el despliegue de nuevas infraestructuras avanzadas. Y decimos compiten, porque el tiempo medio de consumo de los ciudadanos es finito, por lo que necesariamente hay que decidir entre diferentes "opciones de consumo".

¿Dominio global?

Frente a este panorama de complejidad, la cuestión social emergente es que estamos ante un fenómeno esencialmente nuevo. Sectores dominantes, aquellos que tiraban del desarrollo y, por tanto, del paradigma productivo-social dominante, siempre los hubo. Más aún, se los ha utilizado para caracterizar grandes oleadas de cambio social (las revoluciones del vapor, de la electricidad, del automóvil, etc.).

Pero, el caso es que la revolución de la información hace coincidir en el mismo vector de innovación al sector que se proyecta como estratégico y hegemónico para el siglo que viene junto con el control de la información social y económica. Esto es nuevo. Henry Ford definió una época y un paradigma (precisamente, el paradigma fordista), pero no definió directamente el contenido de los periódicos y los mensajes sociales a toda escala. Hoy es difícil no creer que Bill Gates, y un centenar de directivos más, no tengan potencialmente esa capacidad.

Regular la desregulación.

Hemos dejado expresamente para el final del análisis de la regulación sectorial el rol de las autoridades políticas como agentes de regulación.

Desde un punto de vista formal se entiende por regulación la intervención de los poderes públicos (estatales o comunitarios), para influir en el comportamiento de las empresas y del mercado en razón del interés público, así como para corregir aquellas deficiencias del mercado que impidan la competencia eficaz entre los distintos agentes.

Con anterioridad a los procesos de liberalización y privatización, las autoridades políticas no sólo ostentaban la capacidad reguladora, sino que, también, asumían responsabilidades de planificación, gestión y explotación, al tiempo que, apoyándose en el importante potencial de compra de las operadoras, controlaban el sector industrial ligado a las mismas.

Pero el cambio sectorial ha introducido cuestiones importantes a tener en cuenta. Por un lado, es cierto que se ha habido en los últimos años un intenso desarrollo de "tecnología" reguladora. Se han desarrollado nuevos conceptos de ordenación subsidiaria del sector. Se ha roto con culturas intervencionistas que además de maniatar el sector encubrían prácticas corruptas. Pero al mismo tiempo, se están reproduciendo los defectos intrínsecos a la concepción liberal de la sociedad que otorga al mercado la potestad última de dirimirlo todo. Curiosamente, la regulación tiene por cometido principal garantizar la desregulación, administrar el tránsito hacia los mercados desregulados.

En segundo lugar, está la definición del ámbito de regulación. Probablemente, uno de los asuntos más importantes y menos debatidos de la situación actual sea el papel que las autoridades políticas debieran jugar en la orientación y el desarrollo de las TIC. Parece obvio que un mundo de comunicaciones globales también precisa regulaciones globales de forma que el inmenso poder estratégico de las mismas no quede al albur de múltiples decisiones autónomas ni, mucho menos, en las cada vez más escasas manos que poseen el dinero, la tecnología y los medios de comunicación, información y entretenimiento (Cebrián, 1998).

Pese a lo anterior, y aunque se diga que la capacidad reguladora la siguen ejerciendo formalmente los estados nacionales, existe una tendencia cada vez más clara a cederla a los poderes supranacionales, en la medida en que surgen instituciones administrativo-políticas también de carácter supranacional, mientras otros puntos se relegan a segundos o terceros niveles de decisión política o, simplemente, se gestionan de manera indirecta (Comisiones nacionales, etc.).

Pero, incluso los organismos internacionales tradicionales, gestados en marcos multilaterales más o menos igualitarios, están perdiendo capacidad reguladora. Por ejemplo, la UIT -que al estar dentro de la ONU recoge mecanismos de representación que otorgan un cierto margen de acción y negociación para los países menos desarrollados- está transfiriendo claramente sus potestades a la OMC, en donde los criterios de decisión y relaciones de poder tienen más que ver con poderes fácticos y con los grandes conglomerados económicos que con los países y los derechos básicos de los distintos pueblos del mundo.

En definitiva, si es cierto que el sector de las TIC va camino de ser el más importante del siglo XXI, si es cierto que constituye la base de un nuevo paradigma denominado Sociedad de la Información, ¿cómo es posible que no exista posibilidad de control democrático y social sobre el mismo?


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